Santiago es distinto a todo lo demás del área metropolitana. Es un municipio de montaña, con desarrollo disperso, presencia turística y una parte importante de su territorio en zona de valor ambiental. Eso cambia por completo el planteamiento de una red de agua y drenaje.
La topografía es el factor dominante. Los desniveles pronunciados y el desarrollo disperso hacen que las conducciones sean largas en relación con el número de usuarios que atienden, y que la conducción por gravedad no siempre sea viable. Los cárcamos de bombeo aparecen con más frecuencia que en cualquier otro municipio metropolitano.
A eso se suma la sensibilidad ambiental. En zonas de valor ambiental, el manejo de la descarga sanitaria y el control del escurrimiento durante la obra están sujetos a mayor escrutinio, y conviene resolverlo desde el proyecto.
El desarrollo disperso en topografía de montaña genera longitudes de conducción altas para pocos usuarios, y con frecuencia obliga a resolver el drenaje con cárcamo de bombeo en vez de por gravedad. Ambas cosas deben evaluarse desde el trazo: son las partidas que determinan si un proyecto es viable económicamente.